jueves, 12 de enero de 2017

8- Delhi

Delhi, no lo es tanto. La lluviosa mañana de sábado nos sorprende con una ciudad brumosa y fría. El aire se respira denso, tanto como su tráfico. Sus calles llenas de gente, el incesante sonido de las bocinas de todos los medios de transporte que comienza en la madrugada, la miseria y el desorden, conviven en esta caótica capital India que alberga a 20 millones de personas y es el centro político del país.

Pensamos que necesitaríamos más días para ver todo lo que hay que ver, pero los trancones y el desorden hacen que esta ciudad sea la más despedidora del viaje. Para mí, más que suficiente y visto lo visto, no me interesa mucho más, en un principio.


Los pies se helaron con la primera visita a la mezquita más famosa de la ciudad. Un templo imponente, que como muchos otros del país, son un gran negocio entre el pago de guías, entradas, pantuflas, calcetines, batas y demás. Pero no importa porque la vista es impresionante.

La mañana continúa con nuestro precario intento de entrar a la tumba de Gandhi. No se pudo, cortesía del político de turno que hizo cerrar toda la zona. Aparentemente están preparando las celebraciones del día republicano, lo que también nos cercó los límites de la puerta India, que si pudimos ver a lo lejos. La nota divertida estuvo en la entrevista que nos hicieron para la tele India, que aparentemente halla muy exótico que un combo de colombianos esté de visita por la ciudad. Tal vez lo sea: dos señoras con cobijas, dos tipos de sombrero musulman y 5 mujeres riendo y gritando por ahí.


Pasamos por los edificios del gobierno, la presidencia y el parlamento, y el barrio en el que se alojan todas las embajadas. El contraste es sorprendente, como siempre, entre el lujo de unos y las carencias de otros.



Avanzamos algo más hacia la tumba de Humayun. Un palacio espectacular que alberga los restos de este segundo gran emperador que sentó las bases del imperio en estas tierras. 


Seguimos hacia el Templo de Loto, una gran mole con forma de flor de loto cerrada que debajo tiene unas fuentes de agua y cientos de locales visitando sus jardines.



La tarde termina gratamente en Qutab Minar, las ruinas del siglo XII más antiguas de Delhi.



Un breve paso por esta gris urbe, no tan Delhi, pero como todo en este país, sorprendente, enriquecedor y único.

Lo que más nos gustó 
- Qutab Minar: su construcción y tallado
- La comida del hotel y del restaurante Thai


 Lo que menos:
- El tráfico y sus pitos
- El encierro en el ascensor del restaurante 


Lo impresionante:
- "Es una ciudad más avanzada de lo que esperaba".
- La decoración del aeropuerto.



7 - Jaipur La ciudad rosa



Abrazamos finalmente esta ciudad de piedras color rosa y coral, con algunas construcciones mejores conservadas que otras.  Está construida en estuco, que pretende simular la arenisca. Este tono salmón es de buena suerte y símbolo de hospitalidad.

El caos envuelve esta urbe, capital de Rajasthan, llena de comercio, peatones, motoristas y basura. El eterno pitar de todos los medios de transporte nos abre el paso según podemos avanzar. Gracias a las obras de un metro futuro, en las que nadie trabaja, han cerrado nuestra calle, sin anuncio, y nos hemos visto obligados a mandarnos en contravía por varias calles. Esto es el mismísimo caos, del que no queda más que reírnos. La ciudad se rodea de una muralla con 10 entradas y diversos pasillos en los que antiguamente se circulaba y que ahora son viviendas, tiendas o espacios destinados al olvido.



Llegamos a nuestro hotel, un palacete que fuera residencia de una noble familia y que hoy en día despliega lujos de otros años para los que pasamos por aquí. Las paredes resguardan la fotos familiares y las de la nobleza de la época.



En el último piso está el restaurante tipo terraza en el que hay una agrupación que toca rítmicas músicas indias en tanto una joven bailarina danza en tandas que se cuentan según el número de cuencos que lleva en la cabeza. Completa 6, indemne, mientras los demás respiramos sin aliento.



Amanece con un poco de niebla. Camellos, monos, vacas, perros, cabras y cerdos se ven de lado y lado de la avenida. Paramos a tomar una foto y nos encontramos con el encantador de serpientes que nos deja disfrutar de este cliché local que resuena intensamente en el tímpano. Y más con los acordes de las inexpertas sopladoras del combo que se unen a esta fotográfica escena. 



Visitamos el Palacio del actual Marajá, el Hawa Mahal que es la torre trasera del palacio, el Jantar Matar que es un observatorio astronómico con varias invenciones interesantísimas para calcular la posición de los planetas, las horas y los signos zodiacales. 



Un poco más y ahí está, imponente, esta muralla que protege la ciudad desde lo alto de la montaña en Amber. Desde la parte baja divisamos camionetas willies agolpadas en las faldas del fuerte. Todo está logísticamente calculado para subir al turista en elefante, visitar el fuerte y el palacio, y bajarlo en estas naves militares.



Apuramos el paso y poco a poco se aclara un desfile de paquidermos con la cara y la cabeza pintadas  ataviados con sillas que parecen camas de muñeca en sus lomos, liderados por sus "conductores" que no pierden chance de pedir propina a la primera de cambio. La verdad no es tan cómodo ni es tan agradable como lo esperaba. Los elefantes se ven tristes y tanto acoso de los vendedores y fotógrafos locales dañan por completo la experiencia.



Ya arriba, andando por mis propias patas que tampoco saltan por ahora, nos espera un fascinante palacio de espejos. En este lugar, la reina podía entretenerse sin ser vista con los shows de bailarinas y luces de vela que le traía su Marajá para que no se aburriera tanto. 



Tenían su palacio de verano y el de invierno, claramente en tiempos en los que no se escatimaba en lujos. Están las vestimentas de sus ilustres habitantes y el regio salón central de audiencia donde se recibía a todas las visitas oficiales, como la nuestra.

De vuelta a la realidad somos atacados sin clemencia por los vendedores que no aceptan un "no" por respuesta y ya en nuestros willies volvemos al punto de inicio de esta travesía, con nuestras compras y álbumes de fotos.

Almorzamos a modo picnic en el restaurante buffet que nos lleva el guía y terminamos la tarde con un experto y entretenido vendedor  que nos muestra en la cooperativa el proceso de elaboración de las famosas alfombras voladoras, tan livianas y finas que parece que efectivamente fueran a volar. 



Regresamos apurando el tráfico entre las vías de esta pequeña ciudad, para salir a la búsqueda de ese camino que nos llevará de vuelta a Delhi para completar el triángulo dorado de la India. El tráfico de viernes es interminable. Llegamos rendidos tras más de 8 horas de risas, cabeceos y dolores de espalda sentados en nuestra van que pasará a buscarnos para una nueva aventura en la capital mañana a las 8.




miércoles, 11 de enero de 2017

6 - Mi Palacio



A lo lejos se divisa esa mole imponente y blanca. El corazón comienza a latir con más fuerza mientras la multitud apura el paso. Todos emocionados pasamos los muchos controles de seguridad que dividen a los turistas de los locales. Nuestra fila avanza con rapidez mientras la otra parece detenida en el tiempo. La diferencia es de cuarenta a mil, en rupias. Y tantos y tantos kilómetros recorridos para llegar hasta aquí. 



Y ahí está, el Taj Mahal, mostrando todo su esplendor para nosotros. Nuestro guía local, que aunque nativo, se ha autodenominado como "Carlos", en su americana gallineta, bufanda a cuadros y pantalones negros, intenta en su rico español concentrarnos a los 10 parientes deslumbrados con sus explicaciones sobre los 22 años que se demoró Shah Jahan en la construcción del sublime monumento para su amada tercera esposa conocida como Mumtaz Mahal a orillas del río Yamuna.

La favorita murió tras darle 14 hijos al tremendo emperador que además tenía un par de cientos de concubinas. Como quien dice, tenía tantas ganas como nosotros de ver su palacio. Hemos recorrido 6 horas en la brumosa vía expresa que nos lleva desde Nueva Delhi en una sola nube blanca con nuestro conductor Gunni y su sonriente ayudante. Gunni es un Sikh, los de los turbantes de 6 metros que esconden la larga cabellera. Guri ha tenido que renunciar a las muchas costumbres de su religión de 10 dioses -cargar una navaja y una peineta, nunca cortarse el pelo, usar ropa interior específica, no comer ninguna carne, etc-, pues en 1984 la primera ministra India fue atentada por un Sikh y desde entonces producen mucha desconfianza en Delhi. Al menos así lo decidió para poder convertirse en la hombre de confianza de nuestra agencia viajera.



Total, acá estamos tomando fotos como aire en los jardines de este palacio visitado por miles de personas a diario. La multitud es impresionante y colorida. La simetría lograda por el sudor y esfuerzo de más de 20 mil hombres durante esas dos décadas da como resultado tanta perfección.

Del original queda lo básico. Después de muchos saqueos, las piezas de oro y piedras preciosas ya no están para deleitarnos. Quedan solo las incrustaciones semipreciosas de ónix, jaspe, lapislázuli, coral, malaquita, entre otras, en algunos muros y columnas, que también tienen suras del Corán.




Las torres que rodean el palacio están 2,5 grados hacia afuera, para evitar que un temblor destruya esta gran joya que alberga en su centro la tumba de ella y al lado la de él, en sarcófagos de mármol blanco tallados a mano.

Salimos de la agolpada visita interna y el ocaso nos recibe con sus tonos terracota golpeando un calorcito delicioso en nuestros cuerpos. La fila sigue imparable, igual que la emoción. 



Este día nos llena de bendiciones y hace que tantos esfuerzos hayan valido la pena. Todo por estar acá, en mi palacio. 

#Namasté🇮🇳






5 - Año nuevo en Goa

Es difícil describir esa sensación propia de los abrazos después de tanto tiempo. Hoy por fin nos hemos reencontrado, después de varios años sin estar todos juntos. Cada uno de los retoños hemos tenido a bien, volar del nido indistintamente y a diferentes destinos. Andrés y Ritu llegaron después de varias horas de retraso y las lágrimas de emoción se desbordaron. Los papilos no cabían en su propia dicha. Finalmente somos 10 recorriendo el camino indiano en esta van hippie setentera.



Las distancias se hacen muy largas entre destino y destino. Prácticamente gastamos un día entero en desplazamientos entre una y otra ciudad, pero ya estando aquí, tan lejos de casa, tenemos que aprovechar lo que más podamos.

Hoy, camino a Goa, tuvimos dos horas de retraso en nuestro vuelo y un par de horas más de espera para encontrarnos por fin todos juntos. A eso, hay que sumarle 3 más de camino desde el aeropuerto en Panaji hacia North Goa en una carretera que recuerda los sesentas en Melgar.  Comercio de lado y lado; gente, perros y vacas sin distingo y agolpados entre la carretera de doble vía y lo que quisiera ser un andén. Motos y carros continúan en ese eterno pitar que no cesa jamás, mientras cada quien busca su forma de transportarse en este circo.

Apagamos el aire y abrimos las ventanas. Los olores recuerdan a un Gualanday lejano, con esa mezcla de naturaleza y motor recalentado. Después de recorrer este infinito camino, por fin llegamos a nuestro playero hotel. Cena y a dormir, un gran último día del año nos espera.

La luz del día por fin hace visible este hermoso lugar con riadas al frente de la puerta y el mar de fondo. El clima se me antoja perfecto entre calorcito y brisa marina. La playa se hace infinita entre la arena oscura, el cielo azul y el eterno mar. Aparentemente estamos rodeados de rusos que hacen parte del 70% del turismo que llega a la zona entre octubre y abril, la temporada alta de estos lares. Durante los otros meses, los locales aprovechan para enlistarse en cruceros, privar suerte en Europa si tienen con qué solicitar el visado a Portugal o trabajar en hoteles del mundo árabe.



Ya en la noche nos alistamos para recibir el 2017. En el hotel han dispuesto el jardín central junto a la piscina para la cena de año nuevo, que incluye bebidas y comidas ilimitadas. El aprendizaje de la noche: no mezclar con bebidas locales.

Tras un primer día del año en playa, que alberga a cuanto ruso hay en el hotel y ya al final de la tarde, a muchos hombres indios que van en combo a "mirar" a las occidentales no tan cubiertas. El lleno total ocurre justo antes del atardecer. El mar se encoge y deja al menos 150 metros más de playa pese al fuerte oleaje. La arena es oscura, el agua clara y fría, y pese a los pronósticos, parece bastante limpia.



Hacemos un tour por la ciudad el segundo día. Nuestro guía local de una sola ceja, nos cuenta que esta zona es rica en turismo de temporada, exportación de metales y agricultura. Visitamos las iglesias locales de la herencia portuguesa, recorremos el barrio colonial y terminamos en la plaza de mercado (que huele a tripa de chivo descompuesta). Mucha peregrinación y poco fervor en la única ciudad de herencia lusa que aún resguarda los vestigios de un catolicismo que solo acoge a turistas selfie.



Ahora es el turno de las plantaciones de especias en un tour que incluye el almuerzo con productos orgánicos de la propia finca. Vemos pimienta, canela, nuez moscada, café, plátano, coco, limonaria, marañon, carambola, culantro, bambú y otras tantas especias locales.


Al final nos despiden con un tarzán indiano que trepa entre las palmeras con la agilidad de un quinceañera, aunque esté en sus entrados cincuentas. También con un fresco chorro de agua en la espalda con aroma a jazmín y lavanda como símbolo de una fresca ducha para el inclemente calor de la plantación.



Seguimos por estos caminos extraños que nos dejan ver fincas y plantaciones de lado y lado. Esta tierra color fuego se mete en la vista en ese infinito contraste de la montaña y del cielo que ya da paso a la noche. El atardecer en sus tonos naranjas nos trae la calma que necesitamos para descansar una noche más y esperar un nuevo amanecer camino a Delhi. 

martes, 3 de enero de 2017

4 - Terapias y algo más

La noche está a punto de abrirle el
paso a este nuevo gran día. Apuramos el paso para llegar a tiempo a la primera meditación de la mañana. Es la primera vez que logramos cruzar la avenida sin exponernos a una lluvia de carros, rikshaws y motos que pitan incesantemente y aceleran sin piedad.

Aún no amanece y el frío delicioso se siente en la piel. Apenas son las 6am y ya se escuchan las tamboras a lo lejos. Sus ecos resuenan en lo más profundo de nuestros cuerpos que se desatan en una furia de movimientos. Desde la vibración de cada quien se inhala y exhala tan pronto como se requiera.  Se trata de una meditación dinámica que de forma rápida e intensa, intenta romper con patrones arraigados en cuerpo y mente manteniéndonos pegados al pasado y así lograr experimentar la libertad.

Pasan 10 minutos y tras el sonido del gong, cambiamos a la fase dos. En esta se debe respirar caóticamente por la nariz y exhalar con concentración, hasta convertirte en tu propia respiración. 

Otro tanto y sigue la tercera fase en la que se ven pataletas, gritos, llantos. Lloro de ver la ira y el dolor que nace desde la impotencia (aunque se supone que no debo ver). No logro gritar.  Al final, todos venimos a sanar algo. A curarnos. Suena el gong una vez más y ahora todos elevan los brazos y dan pequeños y constantes saltos, permitiendo activar así el primer chakra.

Vuelve el gong y ahora todos quedamos cual protagonistas de mannequinn challenge, para ser testigos de nuestro propio cuerpo. Otro gong y ya pa acabar, llega la danza y la alegría. Salimos eufóricos y listos para comenzar el día.

Seguimos con más meditaciones tras el desayuno. A mediodía se confluye en la Plaza MV donde hay un coffee shop y muy buenas charlas entre amigos. Se siente como si nos conociéramos de toda la vida. Al final, somos todos humanos con inquietudes espirituales intentando trabajar en nuestros propios retos. Cada historia, cada vida, es un vivo ejemplo de esta lucha diaria.

Paso por mi primera hipnosis con un médico alemán y una terapia de lectura energética con una terapeuta rusa. Todo confluye en lo mismo y el trabajo es uno solo. Mientras, las chicas reciben terapias diferentes que también les permite descansar el cuerpo y trabajar en el alma. Los señores y las tías se van de shopping a una Pune caótica y de contrastes que les deja también con sus propias experiencias. Nosotras preferimos esta paz que llena el alma y aleja del caos. Cualquiera que sea.

Ya de regreso al hotel, alistamos las maletas para comenzar mañana una nueva aventura en Goa y finalmente reencontrarnos con Andrés y Ritu. Cuantas ganas de verlos y abrazarlos. Ya son 3 años de no ver al hermanito.

#Namasté🇮🇳




jueves, 29 de diciembre de 2016

3 - Vinotinto: Pune

Una a una caen las hojas lentamente desde los altos árboles que hacen sombra a casi todo el lugar. Es un paraíso verde. El reflejo de los rayos de este sol delicioso mañanero brilla en su dulce danza que acaba en ese lago lleno de peces color naranja. Al fondo, una cascada que arrulla con su caída. En el centro de este jardín Zen, un Budda de mármol blanco resguarda el silencioso espacio y da la bienvenida a los visitantes.


Túnicas granate deambulan meditabundas o sonrientes a lo lejos. Estamos en el Ashram de Osho, un lugar para la meditación y el descanso del cuerpo y la mente situado en Pune. Es la principal atracción de la zona. Año tras año, este centro de meditación abre sus puertas para brindar un espacio de relajación y encuentro a miles de personas provenientes de muchos lugares del mundo.

Indios, suecos, españoles, italianos, brasileros, israelitas, americanos. En este espacio todos somos iguales y por eso vestimos igual. El ingreso incluye una completa agenda de terapias y de encuentros, así como terapias personalizadas para trabajar el cuerpo, la creatividad, la energía y  distintas habilidades de meditación y respiración.

Con dos grandes espacios atravesados por una vía principal, este centro de meditación lo tiene todo calculado. Alojamiento para sus huéspedes más intensivos, comedores y restaurantes de comida vegetariana, piscina y facilidades. Tan solo basta querer hacerlo, tener billete y hacerse una prueba de HIV. Y obvio, viajar más de 40 horas desde Colombia para llegar acá.

Osho es uno de los muchos gurús que predica el amor consigo mismo y con su entorno. Toma lo mejor de cada religión para hacer de sus creencias un espacio pleno de equilibrio entre el alma y el cuerpo. Y como solo algunos lo han hecho, se dedicó a escribir sus pensamientos uno a uno para compartirlos con la humanidad. Son más de 600 libros y miles de conferencias en audio y vídeo, traducidos a varios idiomas.

Osó criticar a las religiones, a las orientaciones políticas extremistas e inclusive, hasta a Gandhi. Esto le costó la enemistad de varios gobiernos y la constante crítica de diversas facciones. Su enseñanza hace hincapié en la importancia de la meditación, así como en el sincretismo de otras virtudes como el buen humor, la creatividad e inclusive, el romper los mitos del sexo, visto como una necesidad más a satisfacer que permite transformar la energía y que es más que bienvenida. La celebración, la risa, el baile, son entre otras muchas cosas, permitidas, celebradas y animadas en sus muchas formas. Claramente en ello enfatiza su encanto....(obvio, para mí).

De vuelta en la plaza central todo es alegría y emoción. Los abrazos, las risas, los namasté se multiplican creando una atmósfera llena de la mejor energía. Somos almas en busca de respuestas, de amor, de iluminación y este pedacito de cielo en la tierra hace posible que sea más fácil alcanzarlo.



Disfruto de este espacio de puntos color granate tanto como de un buen vino tinto. El día termina pronto, y aunque agotados, volvemos todos felices a disfrutar de la magia del ocaso un poco antes de las seis. Las hojas seguirán cayendo una a una. También lo harán nuestros miedos e imposibilidades. Todo se transforma y el cambio me hace más feliz.



#Namasté🙏🏻🇮🇳


2 - Koyna Express - Pune

Una mesa azul celeste desteñido con mejores días se sostiene por un latón que hace las veces de seguro, cede al primer suspiro con posibilidades de contagiar de tétano a todo el vagón. La ventana parece arrugada de tanto y tanto mugre del camino que lleva encima. Como nosotros, quizá. La silla, aunque cómoda, no permite olvidar esos mejores años en los que viajar en primera clase serían todo un lujo.

Vamos sentados en las últimas filas compartiendo la experiencia de este  Koyna Express que lleva tantos años como personas por metro cuadrado. La estación Victoria es la principal de Mumbai que acoge a más de seis millones de viajeros diarios en un servicio que está diseñado para no más de dos. A los bogotanos les sonará un caso muy parecido, seguramente -aunque no con mucho orgullo-.



Su fachada imponente contrasta con un interior que alberga miseria. Decenas de personas duermen cubiertos de cabeza a pies, refugiándose de las bajas temperaturas de la noche y buscando resguardo para sentirse protegidos. Nos miran como los turistas que somos mientras controladamente intentamos zigzaguear con las maletas entre estos cuerpos abultados. Un par de locales se acercan a ofrecernos ayuda a cambio de algunas rupias. Declinamos. Seguimos nuestra marcha hacia el andén que nos indica nuestro guía que parece moverse con la facilidad de quién ya lleva mucho aquí. 

El sol refleja sus rayos entre los pocos árboles que se divisan al fondo del todo. Unos minutos después, el tren hace su aparición entre esos rieles desgastados y colmados de basura y Dior sabrá de qué tantas otras cosas. Solo verlo me produce las primeras náuseas matutinas, que mi santa madre logra calmar a punta del olor a alcohol del antibacterial. Me cuesta mucho tener este bendito sentido agudo del olfato, que en destinos de este tipo, solo hacen mi existencia algo más compleja.



Unos cuantos minutos antes de partir, un asistente va pegando los listados de pasajeros al lado de la puerta del vagón para que cada quien tenga a bien verificar que efectivamente se encuentra en el lugar adecuado, pues el jefe pasara lista uno a uno con su fulminante sentencia: te queda o te vas. Este vagón especialmente se mantiene cerrado más tiempo que los demás, pues son muy cautelosos con los consabidos "colados".



Ya dentro, comienza un desfile de turistas y nativos intentando acomodar sus maletas en los escasos e incómodos compartimientos superiores. El ambiente se respira grato y todos vamos muy emocionados. El tren sale con algunos minutos de retraso, por lo que intuyo que la puntualidad inglesa es una de tantas cosas en desuso en este país deliciosamente caótico. 

Pocos minutos pasan y llegamos a la siguiente estación. La nuestra es la número 13, así que aún queda mucho por delante. La mañana transcurre entre cabeceadas, risas, bullying familiar  y chismorreo. Los vendedores ambulantes van y vienen con sus muchas viandas, entre canastos, baldes o cajas. En vez de servilletas, llevan pedazos de periódico para entregar lo que se asemeja a una empanada.  Hay almuerzos completos y calientes con todas sus salsas, cubiertos y aditamentos. Hay joyería "finísima" de la que viene en bolsa plástica transparente. Hay dulces, gominolas y cualquier cantidad de aromas que vienen y van con el desfile alimentario que no da tregua a mis náuseas permanentes. 



Nos cruzamos con trenes que llevan vagones de hombres separados de los de mujeres. Una medida apenas necesaria para tanto atropello, para tantísimo acoso. Las personas cuelgan de las puertas con más de media humanidad fuera aún con el tren en movimiento. Los pueblos sumergidos entre pilas de basura y con casas hechizas de arquitectura y diseños dispares recuerdan la realidad de un país muy, muy pobre que sufre tanto como el nuestro.

Por fin se acerca nuestro destino y procedemos con un desfile de parientes y maletas que deja atónitos a todos los que permanecen en la acera. Al fin y al cabo los raros somos nosotros. Subimos como bien podemos las escaleras y tras negociar con el jefe de la manada, procedemos a montarnos en los mini taxis llamados Rickshaws, que no son otra cosa que el mismísimo demonio andante.




Jamás había apretado tanto culo en la vida. Comprobé las leyes de la física, le recé a Dios, Budda, Ganesh, Alá y a todos Los Santos. Ultrapasamos a todos los demás parientes de la caravana en una carrera que asemejaba la peli esa de la carrera de la muerte. Al fin llegamos al mentado hotel que nos recibe gratamente.

Unas horas más tarde estoy empelotas en una sala con camilla de madera siendo atendida por una oriunda experta en masaje ayurvédico. Sus manos se deslizan entre los aceites medicinales recetados por el doctor que ha escuchado atentamente mis males y que se llevan todo lo pesado de este recorrido que nos ha traído hasta esta ciudad al sur oriente de Mumbai. Su decreto médico y alternativo: masaje, sauna y descanso. Nada que no me digan los de medicina convencional, pero todo para este cuerpito que ya no da más de sí.

Procedo a ducharme y casi por arte de magia termino este día maravilloso sumergida en el equivalente hindú de Morfeo. 

¡Dulces sueños! #Namasté🙏🏻🇮🇳