A lo lejos se divisa esa mole imponente y blanca. El corazón comienza a latir con más fuerza mientras la multitud apura el paso. Todos emocionados pasamos los muchos controles de seguridad que dividen a los turistas de los locales. Nuestra fila avanza con rapidez mientras la otra parece detenida en el tiempo. La diferencia es de cuarenta a mil, en rupias. Y tantos y tantos kilómetros recorridos para llegar hasta aquí.
Y ahí está, el Taj Mahal, mostrando todo su esplendor para nosotros. Nuestro guía local, que aunque nativo, se ha autodenominado como "Carlos", en su americana gallineta, bufanda a cuadros y pantalones negros, intenta en su rico español concentrarnos a los 10 parientes deslumbrados con sus explicaciones sobre los 22 años que se demoró Shah Jahan en la construcción del sublime monumento para su amada tercera esposa conocida como Mumtaz Mahal a orillas del río Yamuna.
La favorita murió tras darle 14 hijos al tremendo emperador que además tenía un par de cientos de concubinas. Como quien dice, tenía tantas ganas como nosotros de ver su palacio. Hemos recorrido 6 horas en la brumosa vía expresa que nos lleva desde Nueva Delhi en una sola nube blanca con nuestro conductor Gunni y su sonriente ayudante. Gunni es un Sikh, los de los turbantes de 6 metros que esconden la larga cabellera. Guri ha tenido que renunciar a las muchas costumbres de su religión de 10 dioses -cargar una navaja y una peineta, nunca cortarse el pelo, usar ropa interior específica, no comer ninguna carne, etc-, pues en 1984 la primera ministra India fue atentada por un Sikh y desde entonces producen mucha desconfianza en Delhi. Al menos así lo decidió para poder convertirse en la hombre de confianza de nuestra agencia viajera.
Total, acá estamos tomando fotos como aire en los jardines de este palacio visitado por miles de personas a diario. La multitud es impresionante y colorida. La simetría lograda por el sudor y esfuerzo de más de 20 mil hombres durante esas dos décadas da como resultado tanta perfección.
Del original queda lo básico. Después de muchos saqueos, las piezas de oro y piedras preciosas ya no están para deleitarnos. Quedan solo las incrustaciones semipreciosas de ónix, jaspe, lapislázuli, coral, malaquita, entre otras, en algunos muros y columnas, que también tienen suras del Corán.
Las torres que rodean el palacio están 2,5 grados hacia afuera, para evitar que un temblor destruya esta gran joya que alberga en su centro la tumba de ella y al lado la de él, en sarcófagos de mármol blanco tallados a mano.
Salimos de la agolpada visita interna y el ocaso nos recibe con sus tonos terracota golpeando un calorcito delicioso en nuestros cuerpos. La fila sigue imparable, igual que la emoción.
Este día nos llena de bendiciones y hace que tantos esfuerzos hayan valido la pena. Todo por estar acá, en mi palacio.
#Namasté🇮🇳




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